Cuidar tus utensilios de cocina es tan importante como elegir buenos ingredientes. Si tenés un sartén de hierro o una tabla de cortar de bambú, sabés que son tesoros que pueden durar años… ¡o incluso toda la vida! Pero para que eso pase, necesitan un poquito de cariño. Aquí te contamos por qué y cómo “curarlos”.
Sartenes de hierro
Los sartenes de hierro (o hierro fundido) son famosos por su capacidad para retener el calor, pero, si no se curan bien, pueden oxidarse o hacer que la comida se pegue. Cuando realizamos el proceso de curación, se crea una capa antiadherente natural y además se protege el material de la humedad y del óxido. Entre más se use y se cure, se pondrá más brillante, liso y fácil de limpiar.
Para curarlo se deben seguir los siguientes pasos:
Lavarlo bien antes del primer uso, solo con agua caliente y un cepillo (evitá usar un jabón agresivo).
Secarlo perfectamente. Incluso podés ponerlo unos minutos en el horno para que se evapore el agua.
Untarlo con una capa delgada de aceite vegetal o de canola (con poco es suficiente y se debe evitar el exceso).
Llevarlo a 200-220 °C por 45 minutos o una hora, boca abajo (poné papel aluminio debajo para que recoja el goteo).
Dejar enfriar en el horno apagado.
Las siguientes veces que lo usás, podés ponerle unas gotas de aceite con una toalla después de lavarlo y secarlo y ¡listo! Vas a ver cómo tu sartén se vuelve tu mejor aliado.
Tablas de bambú
Las tablas de bambú son muy útiles y, además, tienen propiedades antimicrobianas naturales. Pero igual necesitan un poco de protección. Al curarlas lo que se busca es sellar sus poros, para evitar que absorban humedad, olores o incluso bacterias. Además, al curarlas se previenen grietas o deformaciones en las tablas.
Estos son los pasos para curar tus tablas de bambú:
Antes del primer uso, limpiar la tabla con un paño húmedo y secarla bien.
Aplicar aceite mineral (grado alimenticio) o aceite especial para tablas con un paño suave, en toda la superficie.
Dejar que absorba el aceite durante unas horas o toda la noche.
Retirar el exceso con un paño limpio.
Una vez al mes, o cuando la tabla se vea reseca y con muchos cortes, podés lavarla con agua caliente, secarla bien (mejor si es al sol), pasarle un poco de lija de agua o de madera muy fina, y luego hacer los pasos del 2 al 4.
Haciendo esto, ¡va a quedar como nueva! Además, se evita que absorba humedad, comida o bacterias.
Como consejo adicional, te recomendamos tener una tabla de picar para cada tipo de alimento -carnes, frutas, vegetales, pan, etc,- Pero, si se van a cortar o picar diferentes alimentos en una tabla, lo mejor es hacer primero los que no llevan cocción y de último las carnes, pescados o mariscos. De esta forma se evita la contaminación cruzada entre los distintos alimentos.